Empotrado
La luminaria en sí permanece discreta, en segundo plano. Por lo general, solo son visibles las aberturas en la pared o el techo.
El protagonismo no recae en la luminaria, sino en la luz, que caracteriza el espacio.
La iluminación integrada se inserta con serenidad en los más diversos entornos y facilita una combinación armónica con la arquitectura. Las variaciones se logran sobre todo mediante el control de la luz o mediante el uso de tipos de luminaria orientables.
Ejemplos típicos de ello son las luminarias empotrables de techo y de pared.
Iluminación fija
Las luminarias de montaje fijo están disponibles en distintas distribuciones luminosas.
Por ejemplo, luminarias orientables, como los downlights direccionables.
Su posición se planifica con antelación y esmero, ya que las modificaciones posteriores en las luminarias empotrables resultan laboriosas.
Una revisión minuciosa durante la fase de anteproyecto aporta aquí seguridad.
Iluminación vista
En la iluminación vista, la luminaria se muestra como un elemento con entidad propia. Forma parte de la imagen visible del espacio.
Junto al efecto luminoso, el diseño de la luminaria adquiere importancia. Su elección y disposición deben armonizar con la arquitectura.
La iluminación vista se adapta a las estructuras existentes y contribuye de forma activa a configurar la imagen de conjunto.
Su ventaja es la flexibilidad; el reto, el orden visual.
Un exceso de tipos de luminaria distintos genera siempre inquietud. Además, una disposición poco clara perturba el espacio.
Ejemplos típicos de iluminación vista son los proyectores, las estructuras de luz y las luminarias suspendidas.
Iluminación flexible
La máxima versatilidad se consigue con el uso de proyectores móviles sobre carriles electrificados o estructuras de soporte. Así, es posible reorientarlos en el espacio e incluso reubicarlos o sustituir por completo las luminarias.